Adolescentes: ¿Cómo viven la pandemia?
Adolescentes: ¿Cómo viven la pandemia?

Hace aproximadamente un año que convivimos con el Covid. Nosotros como individuos y la sociedad como totalidad hemos pasado por varias fases y situaciones. Los adolescentes también.

Como es sabido, la adolescencia es un periodo de descubrimiento y establecimiento de la personalidad. ¿Cómo se construye esta personalidad? Principalmente con las experiencias que vivimos y la calidad de las relaciones que establecemos.

Teniendo en cuenta estas premisas, podemos llegar a la conclusión que los adolescentes sufren las consecuencias de las medidas para evitar la propagación del virus de una forma particular.

  • Privación de tiempo con amigos

Las amistades en esta etapa de la vida aportan seguridad, confianza y autoestima. Además, ayudan a la persona a tomar decisiones según sus intereses; aprenden a decir que no y a superar decepciones propias de la edad. Por tanto, el hecho de no poder realizar actividades o pasar tiempo presencial de calidad con amigos, afecta su estado de ánimo y aumenta la apatía. 

Nos encontramos con adolescentes más pasivos y con menos ganas de superarse. Esto se incrementa en los primeros años de adolescencia (13-14 años), es el momento en el que el adolescente empieza a adquirir más autonomía; normalmente a esta edad suele emerger el interés por salir (ir a dar un paseo con amigos, ir al cine o pasar una tarde de compras, entre otros). Por consiguiente, la privación de estas actividades hace que el desarrollo de la autonomía se haga más difícil, puesto que no tienen tantas experiencias para entrenarla. 

  • Actividades extraescolares, deporte y ocio

Asimismo, a esta situación se le añade el hecho de disponer de menos tiempo para el deporte y el ocio. Las actividades extraescolares son inestables y se cancelan intermitentemente, lo que hace que no exista una rutina saludable de deporte y ocio. Por tanto, nuestros adolescentes no disponen de tiempos para desconectar o para hacer aquello que les gusta de modo que muchos de ellos sustituyen estas horas de extraescolares y deportes por películas o pantallas.

  • Más horas ante las pantallas

Es cierto que la tecnología está ayudando enormemente a mantener el contacto con los seres queridos. No obstante, muchos adolescentes pasan numerosas horas encerrados en su habitación jugando a videojuegos o mirando vídeos. Es importante controlar tanto los juegos y vídeos a los que tienen acceso como la cantidad de horas ante las pantallas.

Por ejemplo, si un adolescente juega un tiempo prudente (pongamos por caso, una hora al día) a un videojuego al mismo tiempo que está conectado con sus amigos; esto no supondría un problema, puesto que de alguna forma se está relacionando con sus iguales y creando experiencias positivas.

Por otro lado, imaginemos un adolescente que se pasa toda la tarde ante pantallas (ordenador, tablet, móvil, etc.); seguramente le costará más parar y controlar su tiempo.

Como consecuencia de este segundo ejemplo, es posible que presente más problemas para conciliar el sueño, así como para concentrarse. Del mismo modo, la motivación se verá afectada, ya que estará acostumbrado a tener recompensas inmediatas y el mundo real le decepcionará.

  • Motivación

Siguiendo con la motivación e independientemente de las pantallas, se está viviendo una apatía generalizada en nuestra sociedad. Hace meses que nuestra libertad se encuentra limitada y las noticias negativas generan una especie de efecto dominó entre la gente. Esto también lo sufren los adolescentes, que ven que sus opciones se reducen y debido a su corta experiencia en el mundo y en las crisis, llegan a pensar que esta situación no acabará nunca. Por tanto, su motivación hacia la vida y los estudios puede verse afectada. Es imprescindible acompañarlos y mantenernos positivos ante sus decepciones. 

 

Estamos viviendo un tiempo incierto, difícil y con grandes consecuencias en todos los niveles (económico, social, educativo y mental). Nuestra actitud es la que determinará cómo salimos de esta; y, por tanto, os animo a buscar la forma de manteneros tranquilos, positivos y realizar pequeñas actividades y gestos que hagan que vuestro día a día cobre sentido. Nuestros adolescentes necesitan esta fuerza, tener ejemplos positivos y ver que los adultos, padres y profesores no se desmoronan.